La mayoría de las Pymes confían su página web a un amigo. Al final, acaban sin web y sin amigo.
Contar con un amigo para que nos eche una mano a bajo coste en alguna tarea para temas muy puntuales está bien, sobretodo cuando no tenemos recursos para llevarlos a cabo o estamos pasando un momento de dificultad extrema, pero lo más probable es que no acabe funcionando bien a medio o largo plazo.
A la hora de poner en práctica el diseño y desarrollo de una página web sucede que el que encarga no tiene claro lo que quiere o necesita y el amigo no sabe decir que no, o no quiere. Al final, el trabajo es superior a sus conocimientos y se le pide que haga de analista, de diseñador, de programador... Y, por supuesto, también hay que contratar algún dominio, un servicio de alojamiento y, claro, posicionar la página web en buscadores para que salga en Google, Bing, Yahoo y compañía cuando busquemos. ¿Casi nada?
Piensa si la aplicación web que quieres es viable, en caso afirmativo, asígnale unos plazos, un presupuesto y lánzate a implantarlo. Si tienes dudas y necesitas asesoramiento busca algún profesional que pueda ayudarte. Si se lo encargas a un amigo sin contrato de por medio ¿Le vas a recriminar que no se cumplen los plazos? ¿Vas a exigirle que se ciña al presupuesto? ¿Si hay problemas le reclamarás una compensación o le pedirás que te los arregle cuando no te ha cobrado nada (o casi nada)?